Hay una leyenda que cuenta que Orión; el gran cazador, el invencible; fue herido de muerte por un escorpión. Nada ni nadie podían destruirlo, era fuerte, valiente, poderoso... era como un símbolo de la inmortalidad; sin embargo un animal insignificante que cabe en la palma de la mano o en un bolsillo, pudo matarlo.El escorpión sigilosamente fue acercándose a él sin que éste lo advirtiera... como si fuese invisible. Buscó el lugar correcto, esperó el momento justo y sin vacilar le clavó su aguijón. Orión lo observaba mientras moría, el escorpión también ya que dicen que el cazador, con sus últimas fuerzas, alcanzó a golpearlo tan fuerte como para herirlo de gravedad.
Es por eso que nunca se ven juntos en el cielo. La constelación de Orión desaparece cuando aparece la de Escorpio; y visceversa... se persiguen el uno al otro, o tal vez se escape uno del otro... nunca se sabrá. Lo cierto es que no pueden compartir el cielo... han nacido para estar enfrentados por toda la eternidad... y en definitiva nadie puede cambiar un designio milenario ¿o sí?
Sé que existe una fuerza tan poderosa como para cambiarlo todo, pero a veces no recuerdo bien su nombre, o mejor dicho ya he olvidado como era... pero sé que ese poder abarca todo el espacio y hasta puede esconderse en una flor... no me caben dudas de que puede modificar el destino a su antojo y hasta me parece recordar que es caprichoso, vulnerable e invencible...
Antares, corazón de escorpión, no admites la violencia, tu nombre así lo indica; sin embargo llevas en tu esencia a la propia muerte, pero no cualquier muerte, sino a la que es minuciosamente planeada, y es por eso que escondes en tu brillo a la más absoluta oscuridad. Matas en silencio y a escondidas... y nadie puede seguirte el rastro.
Es tu corazón herido, una lágrima cristalizada en el cielo; y su palpitar, como el eco de un lamento distante que nunca ceza. Ignoras que aquello que te hiere es lo que te hace única.
Hoy te veo claramente, como en tantos otoños... a la izquierda de la cruz. Te observo y vuelvo a preguntarte qué misterio escondes, cuál es tu secreto... y pienso que tal vez tu destino sea tu propio aguijón.
Kiara















